viernes, 8 de julio de 2011

Lunares

Recuerdas que lo entregué todo, no es por ser víctima de las circunstancias, pero lo entregué todo, no solo a ti sino a cada uno de los chicos que aparecieron en mi camino con las señas particulares de algún lunar que pudiera detectar a primera vista.


Entonces apareció el chico del lunar en los labios, el cuello, las manos, los párpados, cada uno buscando una extensión. Enamorada como si fuera la primera vez otorgaba el poder por tener la seña. Algo así como la profecía que me salvara de una mala vida. Que me salvara de todo.
Desde niña me habían dicho que siguiera la luna y ella me seguía a mí, lo sé. Todos tenían la marca en el nombre o en la piel, sin dudar a cada uno se lo entregué todo y digo “todo” porque me entregué a mí misma.

Olvidando cada una de las promesas hechas en días soleados, la luna siempre llegaba en el cuerpo de tantos hombres que de repente me perdí, lo mismo hice para encontrarme, hice que muchos otros me recobraran en partes: un ojo, un oído, las piernas, las manos, los pies, el cuerpo, la nariz, la boca, el cabello, cabeza, pero un día llego alguien más con un corazón para dos, él no tenía ninguna seña particular, era blanco.

Hoy con partes de todo sé que así también fui, la luna me utilizó para construir a los demás, mientras los otros me construían a mí.

Me partió en miles de pedacitos que se desintegraron cual supernova expansiva en el universo estrellado, es por eso que de nuevo me veo en tus ojos y en los demás que he besado. Tampoco culpo a la luna, hoy siento que solo yo me he traicionado, y solo por haber seguido a la luna desde que nací un noche de lluvia. Le creía todo y me perdí.

Él- ¿Dime con qué te quedaste?

Ella-Me quedé con todo y luego también me perdí.

Él-¿Quieres encontrarte de nuevo?

Ella-Sí, pero no a través de ti

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